Antes de bombardear una casa, antes de disparar contra una familia, antes de convertir un territorio entero en una fosa, necesitan hacer exactamente eso: borrar la humanidad de quienes tienen delante.
Así era la tele en los 90
Farmacia de guardia señalaba a la extrema derecha sin complejos.
Más de 30 años después, muchos platós hacen lo contrario: la invitan, la amplifican y la convierten en entretenimiento.
Una serie familiar entendía mejor el peligro que demasiados medios de hoy.
Spanish Revolution
Netanyahu sigue cometiendo crímenes de guerra a un ritmo tan atroz que el mismísimo Donald Trump, que no es que esté muy cuerdo, le ha dicho: “Estás jodidamente loco. Estarías en prisión si no fuera por mí. Te estoy salvando el culo. Ahora todos te odian. Todos odian a Israel”.
Berlín: pistola para pacifistas que protestan contra Rheinmetall y su negocio con la munición.
Alfombra roja para Netanyahu, buscado por la CPI.
Esa es la Europa de los derechos humanos.
Abrazando el fascismo
Belfast arde y no es una metáfora.
Casas de familias migrantes incendiadas. Menores escondidos. Turbas buscando personas racializadas para aterrorizarlas y expulsarlas.
No son “disturbios”. Son pogromos.
Capitalismo en todo su esplendor.
En Beed, India, miles de trabajadoras migrantes de la caña han sido empujadas a extirparse el útero para no perder salario, evitar multas y seguir produciendo.
Cuando una economía necesita cuerpos mutilados para funcionar, no es progreso.
Es barbarie.