Creo que me empezó a pasar eso cuando dejaron de sacar laterales con alma y sangre. Ahora son unos administrativos contables paulistas.
Me cae mil puntos Ancelotti y lejos de odiar a Brasil, pero los veo tan utilitarios y sin alegría que me duermen (nunca pensé que iba a considerar un torro a Brasil)
El del auto contesta de nuevo, no llego a escuchar. El colectivero sonríe y le dice: "¿qué pasa, andás renegando bebé?". Me río, mucho, y se escucha. El colectivero me hace seña por el espejo también divertido. Cierra la puerta. Cambia el semáforo, el auto pega un pique y dobla en la otra cuadra.
Me vine temprano de una juntada porque sabía que eso seguramente terminaba en un antro a las dos de la mañana chupando vino y frío, y estoy grande para eso (me dió sueño y quería dormir)
Me reí mucho, muy capo el colectivero, toda la paz del universo, como corresponde. Es viernes y son las cinco de la tarde, amor, qué tanto renegás.
Auto se pone a la par del bondi, al parecer molesto con algo. Lo llama al colectivero. El colectivero abre la puerta de adelante, el del auto le dice algo que no alcanzo a escuchar. El colectivero le dice: "los dos, si querés" (se ve que iban dos en el auto). Pensé que venía piña...
Venía pisteando como un campeón un viernes super tranquilo a nivel laboral, soleado, fresco, ideal. Hasta que me crucé con una cita de Vonnegut de su novela "Pájaro en la celda":
El amor puede fracasar pero la cortesía prevalece.
Andá a cagar, Kurt, ahora estoy así:
En todo el país, la mejor. La nuestra. La bandera de la Patria.
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Entré a lo de mi viejo para almorzar, me puso la botella de vino en la mano para que descorche, y me dijo: "Hoy nos vamos a castigar".
El ADN y las caderas no mienten.