+ la Tengu libera una carcajada que es más un graznido que un sonido humano. Nace de lo más profundo de su estómago, mientras vuelve a ponerse en pie. Para confirmar sus sospechas, pasa la lengua por su daga, probando la sangre de la criatura.
Criatura, sin lugar a dudas, porque el sabor metálico +
+ las bromas, así que lo que pretendió sonar como una burla simplemente lo hizo como una muestra de respeto a su contrincante—. Piensa y mide bien tus palabras, criatura. Estás lejos de casa; en las islas libres del sur. ¿Crees que te conviene enemistarte con el clan Fujiwara?
Huelga decir que Meisho no encaja el golpe con dignidad.
Su cuerpo percibe el peligro antes de poder reaccionar para protegerse. El barrido del pie ajeno encaja contra los propios, haciéndole perder el equilibrio inmediatamente y ocasionando que libere un quejido acompañado de una maldición poco +
+ cortés. En el proceso, sin embargo, consigue que su daga realize un pequeño corte (más bien un rasguño) en el cuello ajeno.
Mei se queda en el suelo, incrédula, durante unas milésimas de segundo. El tiempo suficiente como para observar de nuevo a su contrincante. Esa velocidad... esa fuerza... +
Verse subestimada no era una rareza para la Tengu.
Desde bien niña había lidiado con hombres como el que tenía ante ella (varón, aunque no fuese humano). Esos que señalaban, esos que reían. Las bromas a su costa habían dejado de afectarle porque ella siempre había terminado por salir vencedora +
+ a sus más temibles monstruos.
Hace una pausa. Mantiene una distancia prudencial, rodeándole con pasos pequeños, calculados, cual felino que estudia a su presa.
— Lástima que no cuentan con los monstruos ajenos. No deberías estar aquí... Oni. No eres bien recibido.
+ peores.
No le da la espalda. Empuja la punta de la daga y le señala con un gesto del antebrazo la dirección hacia la que debe empezar a caminar.
+ lo que tenía ante ella era un Oni. Los onis eran tan temibles guerreros como los Tengu. Ella, contrario al imbécil bellaco que tenía delante, no le subestimaría.
— ¿En serio? —La pregunta cae de sus labios con pesadez—. ¿Qué te hace pensar que eso te servirá, General? —Meisho no era propensa a +
+ en los ataques posteriores.
Persigue la gota de sangre con una mirada exhasperada... ¿Por qué habla tanto? Menudo general. Aunque, bueno, menudo imperio. Meisho estaba convencida de que la fuerza del susodicho se basaba en sus números, no en la auténtica capacidad de sus soldados.
Sin embargo +