+ no puede ocultar los tintes sobrenaturales de su sangre. Meisho no guarda la daga, sino que invoca otra en su mano izquierda.
— Ya veo. —Dice, su voz retumba también como los truenos a su alrededor. Las primeras gotas se derraman del cielo—. El imperio no se anda con rodeos, ¿Eh? Han mandado +