Tenía tanta autoestima que podría haber compuesto “La ciudad de la furia” otra vez.
Resulta que me acordé de Emilio Filippi y me dio pena.
Porque pucha que se sentía groso Cerati cuando la compuso.
Llevamos siglos despreciando una literatura (cualquiera, en esto la función se llena con cualquier materia) para darnos cuenta de que no era literatura despreciable sino sublime. Es curioso que, como humanidad, no aprendamos. O quizá necesitamos ese ciclo interminable.
Es sorprendente la sensación de dificultad que tienen las personas muy productivas. En la reciente entrevista de @hindelita.bsky.social a Alan Pauls —qué persona más productiva— él se quejaba de lo lento que escribía, y contaba de un proyecto de biografía de Ruiz que abandonó a las ¡200 páginas!
O dicho de otro modo: es increíble la cantidad de trabajo que requiere la punta del iceberg que sí se publica.
Ahora me pregunto por qué retará una mamá japonesa a su hijo.
La estupidez es imperecedera según Flaubert.
Qué agradable, qué simpático.
Hay una tienda que vende algo que me encanta. Lo malo: dicen que te venden un kilo y sistemáticamente te venden menos, 700 grs. Se lo dije a las personas que atienden, pero ellas no empaquetan. Lo malo es que es muy weno eso que venden. Creo me engañaré a mí mismo y seguiré comprando la cuestión.