¿Mejor invento de la vida? Devolver cosas dentro de los 30 días siguientes a su compra, si me preguntas.
Parece que estamos empezando a ganar la batalla a la gastroenteritis. En este tortuoso y sucio camino se ha quedado también mi tarjeta de crédito, que he quemado por pura desesperación y hastío. Todo en orden, pues.
Llevo ya una llamada a averías porque no funcionaba Internet y una vomitona infantil. No son ni las 9 de la mañana. Se adivina un día largo.
Unos universitarios me han tratado de usted en la biblioteca. Esto es el fin, ¿verdad?
Una lagrimita de emoción por la Iratxe del año pasado que decidió comprarse sandalias nuevas y buenas de todos los colores que necesitaba. La mejor.
Ayer uno y hoy se ha animado otro: ventiladores portátiles en tu zona. Y no sería reseñable si no fuese porque estamos en una biblioteca pública.