Llevo días recordando la habitación en la que dormía de niña con mi abuela, la cama alta y negra con perillas doradas, tan alta que necesitaba una sillita para subirme, tan amplia que podíamos dormir allí las tres hermanas. Mi abuela, teniendo esa cama, preferiría dormir en una camita plegable+
Un amigo me metió en las granjas de hormigas y por capricho me compré un hormiguero fundacional. Aprovechando que es época de que las reinas salgan a buscar hormiguero he cogido una y la he puesto en su chalecito de verano.
En honor a mi madre la he llamado
como ella.
Os presento a Ant-onia.
Mirando mi humidificador, mi purificador de aire, mi lámpara de luz anti-depresión, mi calentador, mi máquina de ruido blanco... Me he dado cuenta de que mi habitación es un terrario gigante y yo me he convertido en el lagarto que siempre quise ser.