Nunca se ríe ante sus muestras de tremendo afecto; nunca le dice: ah, chico, la que tengo suerte soy yo. Nunca. Acepta ese amor. Sin más.
Y me doy cuenta de que esto es algo que he hecho yo siempre, como por vergüenza o educación o "por no eclipsar" les he dicho a todos que "no soy para tanto".
En resumen - de vuestras respuestas -: Todos nos ponemos zanahorias delante a nosotros mismos para seguir viviendo.
El caso es que ayer oí una cosa en un podcast y me parece que daba en el clavo. Decían que él suele expresar una veneración tremenda hacia ella en público (sí), pero que también es cierto que ella acepta esa veneración sin minimizarla nunca.
No tenemos alegrías, ninio, solo masibon.
Happy Midsommar
¿Pero cómo lográis seguir creyendo en la vida?
He pasado un buen rato
Yo me merezco a alguien que me quiera como Tom Holland quiere a Zendaya.