Suelo ser persona dialogante hasta que un par de gañanes con un sueldo mísero y la oreja comida por eslóganes ponen en tela de juicio la sanidad y la educación públicas, esgrimiendo motivos tan endebles y paticortos que no aguantan ni media ronda de debate.
Ahí, saco la artillería pesada.
Ayer pasó.