Recrece el sol por detrás del río, solando la ciudad de claror.
Los mares del sueño rezongan aún en los ojos.
Los lunes no saben bailar.
La pereza de los pies
sobre las calles calladas,
conjugan el día.
Luego el café,
sanando a los durmientes,
y a los ciegos
y a los mudos
y a los perdidos…