—¿Muerto? La sangre de Zeus se le congeló en las venas, pero al instante sacudió la cabeza y sujetó al otro de los brazos con firmeza—.
¡Pero qué estás diciendo! Mi hijo no está muerto, lo tengo delante. Y por alguna maldita razón no recuerdas que eres él.
⚡︎ 𝓩𝐄𝐔𝐒.
—Yo no-...
Bajó la mirada. Pensativo. Todo a su alrededor cambió, se ensombreció. Hermes parpadeó una vez y ante sus ojos vio el filo de una espada que le atravesaba. Sobresalía justo por debajo de su caja torácica. Y había sangre. Rojo por todas partes.
Un pinchazo de dolor le atravesó el +
𝑯𝑬𝑹𝑴𝑬𝑺
—¿Pero desde cuándo estaba pasando todo esto? ¿Tanto tiempo llevaba él en la Tierra como para no estar pendiente de lo que ocurría en el Olimpo? No, claro que no—.
Podría buscar uno, pero solo hasta que averigüe qué rayos ha pasado contigo. ¿Qué sabes de Hermes? De /mi/ Hermes.
⚡︎ 𝓩𝐄𝐔𝐒.
Y él se quedó muy quieto cuando Zeus lo sujetó así. Los ojos azules de nubes antes de una tormenta eran inconfundibles.
—Pero ¿qué mensajes os voy mandar? ¡Que no sé griego y el inglés se me da chungo! ¿De verdad no tienen ningún suplente ni nada por el estilo?
𝑯𝑬𝑹𝑴𝑬𝑺
Hm.
—Zeus, que no conocía la definición de 𝘦𝘴𝘱𝘢𝘤𝘪𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘭 (o sencillamente se la pasaba por los cojones), sujetó al chico de la barbilla y lo obligó a sostener su mirada—.
Eres tú, lo veo en tus ojos. Y mi reino no puede estar sin mensajero. Así que estoy hay que arreglarlo ya.
⚡︎ 𝓩𝐄𝐔𝐒.
—Bueno, es gracioso... Me llamo Hermes. Hermes Rivoir... Uhm, y soy de Carcassonne. Me crió mi madre y poco más le puedo decir, señor. No sé qué me está pasando, pero estos poderes no son míos.
Si no lo fueran, no habrían llegado a él.
𝑯𝑬𝑹𝑴𝑬𝑺
+ para que no recordara quién era en realidad—.
Bien, si no eres Hermes... ¿Entonces quién eres? ¿De dónde eres? Dime.