—Cuanto más intento controlarlo, peor se pone.
—¿No querrás decir que intentas ocultarlo?
—Es lo mismo.
—No, niña. No lo es. —El enano le mostró la palma hacia arriba, sobre la que flotó una bola de luz—. Esto es control. Tú lo reprimes, lo escondes. Si no lo dejas salir, termina por explotar.