— Somos iguales tú y yo— Señaló Amren— No en la carne, no en esa cosa que ronda debajo de nuestra piel y nuestros huesos... Pero... Yo veo el núcleo, muchacha. Tú no encajas en el molde al que te empujaron. En el camino en el que naciste y por el que te obligaron a caminar.
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