Ayer tuve una reunión con mi jefa en la que me estuvo martirizando hasta quedarse a gusto, y yo hecha polvo. Hoy, tomando un café, he asistido a la misma situación: otro jefe martirizando a otro currela. Mismo sector picacarne.
Qué mal rato, y qué injusticia todo. Qué harta estoy.