mujer contraria para moverla. Tiró la espada al suelo.— ¿Para qué hacemos esto, maldita sea? ¡Ya he perdido! ¿Qué más quieres de mi? — Isethis jadeaba inclinándose hacia delante, apoyando ambas palmas de la mano sobre sus rodillas. — No puedo más con esto, tu... mi padre... Me marcho.
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