Detrás de cada imagen, vídeo o texto que genera se esconde una creciente infraestructura que devora energía, agua dulce y territorio, además de requerir una masiva extracción de minerales y de generar residuos electrónicos.
Un informe de la ONU pone cifras a la huella ecológica de la IA e insta a los gobiernos a planificar el impacto de los centros de datos y a la industria a garantizar la transparencia y la justicia ambiental en todo el mundo.