Soñé un mundo hermoso, donde mis hijas, mi nieta, mis seres queridos y las buenas personas respiraran libertad, iluso de mí, creí que se haría realidad sin más, solo viendo la vida pasar.
Lo soñé hace años, pero lejos de ser idílico, es un cataclismo social y la maldad se impone.
Nos toca despertar.